Relojería de gran ciudad

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¿Qué define a una gran ciudad? Es decir, ¿qué elementos tiene que tener para serlo? Hay criterios objetivos, por supuesto; el primero de ellos, la cantidad de población, que incide directamente sobre el segundo: la superficie. Al fin y al cabo, una ciudad la crean sus propios habitantes, pues son quienes viven en ella, los que le insuflan vida. Y eso es lo que nos hace sentirnos en una gran ciudad. Cuando estamos en Madrid, en la plaza de la Cibeles, en hora punta, lo sentimos: el gentío, yendo de un lado a otro. Y pasa igual en Candem Town, en Londres, o en el cruce de Shibuya, en Japón. Sin embargo, hay otras cosas con las que sabemos que, en efecto, no estamos solo en una ciudad, sino en una de las grandes. Una de las cosas en las que yo siempre me fijo, por ejemplo, es en la cantidad de tiendas que hay y en su diversidad. Por lo general, es mucho más difícil encontrar tiendas especializadas y, además numerosas, en ciudades pequeñas, que se nutren sobre todo de grandes superficies. No así en una gran urbe.

Y no estoy hablando solo de tiendas especializadas en artículos que es difícil encontrar, como ropa alternativa o cubos de Rubik; también estoy hablando de cosas más comunes, como relojerías. Sin ir más lejos, todos sabemos que no es complicado salir a comprarse un reloj en España, estemos donde estemos, porque las relojerías son un mercado al que todo el mundo acude y en cualquier ciudad o pueblo. Sin embargo, comprar un reloj en Madrid nos abre muchas puertas, puesto que tenemos un sinfín de relojerías: tradicionales, artesanales, de compra-venta… De hecho, son tiendas que convierten internet en una buena herramienta para buscar más información sobre sus diversos productos, como por ejemplo en webs como www.vendoreloj.es

Además, en las grandes ciudades existen las zonas céntricas, auténticos núcleos urbanos donde esas tiendas proliferan. De tal modo, es probable que haya más opciones de comprarse un reloj en el Barrio de Salamanca que en barrios periféricos o calles menos concurridas. Y así funcionan las grandes ciudades.

 

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